miércoles, 30 de noviembre de 2011

ER – IV BIMESTRE – 4to de Secundaria

Clasificación de Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos (NMR)

Muchas sectas poco trascendentes aunque compartan doctrinas con otras y hasta con algún NMR, funcionan de forma autocéfala, en grupos muy reducidos y en algunos casos con poco conocimiento entre sí.

La clasificación de sectas y nuevos movimientos religiosos es sumamente complicada. La mayor parte de los especialistas coincidimos en ésta, no obstante no ocurre lo mismo en las subdivisiones. Los motivos de la divergencia entre investigadores se deben precisamente, amén de hipótesis personales, a lo intrincado de las influencias dogmáticas y ritualísticas, confusiones doctrinales, y disidencias, siendo la clasificación más difícil la de los grupos de la corriente sincrética. Dentro de esta corriente podemos hallar de varios tipos, desde grupos con origen desconocido, hasta algunos no – religiosos, etc.

En esta clasificación, deben considerarse también las analogías entre grupos que aparentan poca similitud, como puede ser el caso de los grupos del tipo gnóstico, en comparación con los luciferistas. Existen asimismo grupos con nombres parecidos como en el caso de “Ciencia Cristiana” e “Iglesia de la Cienciología” que poco o nada tienen en común, exceptuando el énfasis aplicado en el supuesto origen de las enfermedades y su posible cura.

La diferencia entre secta y NMR se encuentra posiblemente más en una definición terminológica que clasificatoria, es decir muchas veces no existen indicios que lleven a los especialistas a saber con certeza si un grupo es una secta o un NMR, por ejemplo: ¿secta Moon? o ¿Iglesia de la Unificación?. La tesis más utilizada para diferenciarlos es una suma de condiciones a saber:

Secta:

Ø Liderazgo directo y marcadamente autoritario hacia sus adeptos, decisión sólo del líder.

Ø Vida comunitaria (no en todos los casos).

Ø Poco o mediano caudal de integrantes.

Ø Surgimiento cronológico reciente (en comparación a NMR o grandes religiones).

Ø Expansión limitada y localización regional.

Ø Poco reconocimiento social.

Ø Tendencia a no registrarse en los contralores de culto estatales.

Ø Pronunciada aversión hacia instituciones, religiones e inadaptabilidad social.

Nuevo Movimiento Religioso:

Ø Liderazgo indirecto y directo, ejercido por uno o varios, delegado a otros, decisiones de uno o varios.

Ø Vida individual, exceptuando a misioneros y otros.

Ø Gran cantidad de adeptos.

Ø Surgimiento cronológico antiguo.

Ø Gran expansión y localización continental o mundial.

Ø Reconocimiento social.

Ø Por lo general registrados en los contralores de culto estatales.

Ø Acercamiento generalmente filántropo - social con algunas instituciones y diálogo con otros NMR o religiones oficiales.

Otro motivo que lleva muchas veces a denominar como NMR un grupo que decididamente es una secta es para que el investigador se evite problemas legales.
Muchas sectas poco trascendentes aunque compartan doctrinas con otras y hasta con algún NMR, funcionan de forma autocéfala, en grupos muy reducidos y en algunos casos con poco conocimiento entre sí, forman parte de una de las corrientes, lamentablemente en mayor crecimiento y que engloba a grupos de origen Cristiano, Pagano y Sincréticos: La Nueva Era.

Esta corriente que crea talvez un gran sincretismo entre grupos de orígenes diferentes es uno de los motivos por el cual la clasificación de sectas y NMR, es dificultosa y no definitiva.

Clasificación

Grupos de Origen Cristiano:

v Fundamentalistas:
- Evangélico libre (Ejército de Salvación)
- Evangélico pentecostal (Alianza Cristiana Pentecostal)
- Adventista (Iglesia Adventista del Séptimo Día)

v Para - cristianos:
- Testigo de Jehová (Watch Tower)
- Espiritista (Unión Internacional Espiritas)
- Curativo (Ciencia Cristiana)
- Mormón (Santos de los Últimos Días)

Grupos de origen pagano:

v Esotéricos:
- Rosacruz (AMORC)
- Teosofistas (Sociedad Teosófica)
- Gnóstico (Movimiento Gnóstico Cristiano)
- Metafisista (Gran Hermandad de la Saint Germain)

v Orientalistas:
- Hinduísta (Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna - Hare Krishna)
- Budista (Zen Macrobiótico)
- Sintoísta (Soka Gakkai)

- Babista (Fa Baha´i)

v Neo-paganos:
- Coven (Hermandad del Lobo - Asatrú)
- Chamanista (Cleargreen Inc.)

Grupos de origen sincrético:

v Sufí - gnóstico (Escuelas del Cuarto Camino, Iglesia de la Unificación - Moon)

v Africanistas:
- Afrobrasileño (Umbanda, Kinbanda, Fraternidad Vóvó María, Redonda de Angola)
- Afroamerindio (Santería, Vudú, Ochá-Yoruba)

v Cientistas (Iglesia de la Cienciología)

v Platillistas:
- Ateo (Movimiento Raeliano)
- Esotérico (Fraternidad Cósmica)

v Satanistas:
- Luciferista (The Process)
- Satanista (Iglesia de Satán)

v Comerciales:
- Couching (Lifespring)
- Venta directa (American Way-Amway)

v Ecologistas:
- Ecoterrorista (Sea Shepherd)

v Políticos
- Social (Movimiento Humanista)
- Segregacionista (White Aryan Resistance)

lunes, 19 de septiembre de 2011

ER – III BIMESTRE – 4to de Secundaria

LAICOS MISIONEROS

Si los laicos forman parte esencial del misterio de la Iglesia y si la obligación misionera brota de lo más íntimo de la Iglesia, es evidente que también corresponde a los laicos asumir su responsabilidad en la misión de la Iglesia y, más concretamente, en la misión ad gentes. Todos los documentos del Magisterio sobre el tema misionero vienen resaltando este hecho. Reconociendo que toda la historia de la Iglesia muestra que muchos fieles laicos se han consagrado a la tarea de la evangelización, recuerda que en la actualidad esta participación debe ser fomentada y urgida.

La aportación de los laicos es absolutamente necesaria en la actividad misionera, porque sin ellos el evangelio "no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo". Dadas las múltiples dimensiones de la misión y dada la peculiaridad secular de los laicos, su presencia es imprescindible para conseguir esa globalidad de que hablábamos antes.

En algunos países reciben esta denominación los grupos y comunidades misioneras conformadas por laicos mayores de 25 años. En otros países, donde los jóvenes y los mayores trabajan sin diferenciación de edad, reciben el nombre genérico de "Grupos Misioneros"

El compromiso misionero de los laicos puede poseer aspectos y niveles diversos, todos los cuales son importantes y complementarios:

a. El compromiso misionero del laico se debe manifestar ya en su propia comunidad cristiana; al estar en contacto con los no cristianos en su vida social y profesional, deben ofrecer el testimonio de la vida y de la palabra; deben desarrollar en sí mismos y en los demás el conocimiento y el amor a las misiones, informándose e informando sobre ellas; deben prestarles el apoyo de su oración y de su ayuda financiera (algunas de las más importantes obras de ayuda a las misiones han sido fundadas y sostenidas por laicos) así como promover iniciativas de cooperación misionera; en su propia familia deben favorecer las vocaciones misioneras, y en los institutos científicos y universidades deben servir a los misioneros en el conocimiento de los pueblos y religiones no cristianas.

b. Algunos laicos reciben el carisma especifico para la misión ad gentes (entre no cristianos) o para cooperar de un modo directo con Iglesias hermanas en necesidad; en estos casos el envío forma parte del propio carisma, e implica un período mínimo de tiempo (2/3 años) para que no se confunda con un voluntariado transitorio o con una colaboración pasajera.

c. En su trabajo en los lugares de destino deben, como laicos, en colaboración íntima con los laicos de aquellas iglesias, "impregnar y perfeccionar todo el orden temporal", "cumplir las exigencias de la justicia"; deben promover iniciativas particulares enfocadas al desarrollo económico-social, educativo y cultural; deben tomar parte en los movimientos a favor de la paz y de la cooperación internacional, en las grandes instituciones que defienden los derechos humanos; en los proyectos de solidaridad e intercambio de bienes; deben atender a las lacras provocadas por sistemas injustos intentando eliminar las causas de la pobreza, hambre y marginación; en todas sus actividades deben optar por los más desfavorecidos y por aquellos que padecen el desprecio o la exclusión.

d. En la vocación de los laicos entra también la posibilidad de prestar su servicio en ámbitos y campos ministeriales que tienden a edificar y desarrollar desde dentro la comunidad cristiana; en la animación de las comunidades, en el servicio de la palabra o de la catequesis, en la formación de agentes de pastoral...; en esta dirección los laicos vienen contribuyendo grandemente al desarrollo y florecimiento de los ministerios de la comunidad.

  1. De cara a este servicio misionero, los laicos deben sentirse siempre miembros vivos de comunidades eclesiales concretas; el compromiso misionero nunca es individual, sino comunitario y eclesial; esto es lo que caracteriza el carisma misionero respecto a ayudas de carácter social. Esto implica que debe haber comunicación frecuente con sus comunidades de origen, a las que a su vez pueden enriquecer con sus experiencias y con riquezas propias de las Iglesias de destino. Todo esto no impide que los laicos den origen a instituciones o asociaciones de todo tipo (a nivel nacional, vinculadas a congregaciones religiosas, autónomas y específicamente laicales ... ) pues en ellas se expresa toda la vitalidad de los carismas de la Iglesia.

La responsabilidad eclesial del laico misionero exige de él unas actitudes acordes con su carisma. En primer lugar una conciencia clara de su identidad, que se alimenta de una espiritualidad profunda y de una formación adecuada también en el ámbito teológico y misionológico. En segundo lugar el testimonio de su vida, tanto en el campo de sus actividades temporales como en la disponibilidad para dar razón de su esperanza por medio de la palabra, así como en el talante evangélico y humano de acogida, escucha, dialogo, comprensión y solidaridad respecto a los que no tienen las mismas creencias o a los que necesitan su ayuda.

El Laicado Misionero en la historia de la Iglesia

La misión cristiana arranca de la vida y el mensaje de Jesús, con su visión de una comunidad universal de hombres iguales ante su Creador y Padre, el Dios que actúa en la historia para la salvación del género humano. El Evangelio, que es a la vez el mensaje de Jesús y el mensaje sobre Jesús de los primeros cristianos, está dirigido a todos los hombres, y desde el origen está libre de limitaciones sociales, nacionales, raciales o culturales.

Empujados por el Espíritu, el grupo inicial de los seguidores de Jesús sale de su seguridad del cenáculo para afrontar los dramas del hombre y de la historia. Nace así la Iglesia como depositaria y continuadora de la misión de Jesús. En los orígenes, junto al ministerio misionero itinerante, como el de Pablo y Bernabé, también los cristianos seglares extendieron el evangelio en sus contactos del día a día y en sus desplazamientos; no es un fenómeno nuevo. Pero después, y durante siglos, estos cristianos han sido considerados como menores frente al clero y a los religiosos; entre las razones se podrían citar la falta de formación y un modelo de Iglesia clerical, donde no era ya el bautismo el que daba protagonismo eclesial, sino la profesión de votos o el sacramento del orden; y probablemente también habrá contribuido el hecho de que esta situación resultaría mas cómoda a todos.

Ya en la edad moderna, la participación de los cristianos laicos en lo que ahora llamamos misión "ad gentes" comienza en el siglo XIX en las Iglesias protestantes; un ejemplo extraordinario lo tenemos en la labor evangelizadora y humanitaria del Dr. Livingstone, más conocido entre nosotros por su faceta exploradora. El renacimiento del misionerismo seglar en la Iglesia Católica surge en la década de los años 50 del siglo XX, en la que nacen las primeras asociaciones de laicado misionero. Desde entonces, ha ido creciendo y fortaleciéndose a lo largo de los años, al tiempo que se va produciendo un cambio en la valoración del fenómeno: hoy resulta que la misión universal en el nuevo milenio sólo será posible si realmente los laicos asumen su compromiso y su responsabilidad misionera. Todos los documentos del Magisterio de esta época sobre el tema misionero vienen resaltando este hecho. En Lumen Gentium 33 se trata ya de la participación de los seglares en la misión de la Iglesia como testigos y como instrumentos vivos. Y en la actividad misionera, la aportación de los laicos es absolutamente necesaria porque sin ellos el evangelio "no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo".

Hoy de nuevo los bautizados creemos que el Espíritu de Dios está sobre nosotros, porque nos ha ungido para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, dar la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

lunes, 4 de julio de 2011

ER – II BIMESTRE – 4to Secundaria

LA MORALIDAD DEL ACTO HUMANO

Introducción

La categoría singular del hombre -que le distingue y eleva por encima de los otros seres de la creación visible- radica en que está dotado de inteligencia y voluntad -creado a imagen y semejanza de Dios-, con libertad para tomar decisiones. Pero, siendo criatura, su libertad debe estar armonizada con la de Dios y con la de sus semejantes. Esto es lo que hacen los mandamientos, que son caminos de la libertad, poniendo orden en el ejercicio de la libertad creatural de modo que sea verdadera libertad, armonizada y concertada con la libertad de los demás.

    En consecuencia, si hay un  mandamiento legítimo el hombre tiene la obligación de cumplirlo y no es moralmente libre, aunque tendrá psicológica y física; si no existe mandamiento, es muy libre de tomar la decisión que quiera. Así, el hombre tiene que educar su libertad para utilizarla correctamente; es decir, tiene que obrar como hombre ejercitando la inteligencia y la voluntad, pero referidas a una norma objetiva y trascendente que dirige y regula su conducta.

    La moralidad, pues, es una cualidad del acto humano libremente ejercido; y será positiva -buena- si se ajusta a la norma que lo ordena como ser racional; será negativa -mala-, si actúa irracionalmente en contra de la norma.

Ideas principales

1. Fuentes de la moralidad

   En la experiencia más elemental del ser humano se produce un fenómeno que conviene señalar: sabe que obra bien o que obra mal, que sus acciones son buenas o malas. ¿Cómo lo sabe? Se lo dice la conciencia, esa voz interior que avisa: hay que hacer el bien y evitar el mal. Pero la conciencia no hace más que traducir la convicción previa de que tenemos grabada en lo profundo una ley, a la que debemos someternos; de modo que, si obramos de acuerdo con ella, abramos bien; y si la contradecimos, obramos mal.

    Con el fin de tener a mano un criterio claro y sencillo, los autores consideran que la moralidad depende del objeto, el fin y las circunstancias:

    a) El objeto elegido, que es aquel bien hacia el que tiende la voluntad, pudiendo decirse que es la materia del acto humano. Y es que hay cosas que son buenas por sí mismas y cosas que son malas de suyo, es decir, siempre. Por ejemplo, quitar la vida a un inocente siempre será un crimen, aunque se quiera disimular con eufemismos hipócritas; por el contrario, adorar a Dios es un acto bueno en sí mismo.

    b) El fin o la intención del acto puede modificar la moralidad agravando o disminuyendo la cualidad buena o mala de un acto; y afirmando con claridad que lo que es malo no puede volverse bueno, sean cuales sean las circunstancias.

    Por tanto, para que un acto sea moralmente bueno es preciso que sea bueno el objeto, el fin y las circunstancias; si es mala alguna de estas tres cosas, el acto es malo. Erraría (se equivocaría), pues, quien juzgase de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira, o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.). Hay actos que -por sí y en sí, independientemente de las circunstancias y de la intención- son gravemente ilícitos por razón de su objeto; por eso la moral afirma rotundamente que nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.

2. Moralidad de las pasiones

    En el ser humano anida una serie de impulsos, tendencias, afectos y sentimientos que se conocen con el término "pasiones", reconocidas como fuerzas que Dios ha puesto en la naturaleza y que nos mueven a obrar. Consiguientemente al pecado esas fuerzas están desordenadas y provocan tensión en el hombre, pero es indudable su utilidad si se logra controlarlas. Son como el agua embalsada: represada y encauzada es fuente de vida y de energía; si se rompe la presa, provoca la catástrofe.

    El amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira, son las pasiones principales. Las pasiones de por sí no son buenas ni malas, pero lo son en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad e impulsan a obrar el bien o el mal. Luego las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y son moralmente malas si empujan a obrar el mal. Las pasiones pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios.

3. Actuar siempre de cara a Dios

    No es fácil dominar las pasiones sometiéndolas a la razón con una libertad fuerte y ordenada, pero es necesario si queremos vivir con la dignidad que comporta la condición humana y sobre todo la dignidad de cristianos, que se saben hijos de Dios. Hace falta querer y luchar, y se necesita ante todo la gracia de Dios, que el Espíritu Santo proporciona en abundancia a los que la piden. Así es posible conseguir que nuestro comportamiento -los actos todos- sea bueno porque el objeto, el fin y las circunstancias sean buenos, a pesar de las pasiones; o mejor, dominando las pasiones y no dejándonos arrastrar por ellas.

    Una recomendación de San Agustín -recogida en el Concilio de Trento- nos puede alentar en la lucha contra las pasiones para aprovecharlas en la dirección de la Providencia: "Dios no manda cosas imposibles sino que, cuando manda algo, te advierte que hagas lo que puedas, que pidas lo que no puedas, y te ayudará para que puedas".

    Entonces el Espíritu Santo ayuda para que todo nuestro ser -incluidos dolores, temores y tristezas, como aparece en la agonía y pasión de Cristo- sean para Dios. Cuando se vive en Cristo, los sentimientos humanos pueden alcanzar su consumación en la caridad.

lunes, 25 de abril de 2011

ER - I BIMESTRE - 4to Secundaria

 

CRISTO EN MI VIDA

Caminamos hacia la Pascua

REFLEXIÓN

Hablemos de vocación

Como suele suceder, las cosas más importantes de la vida, son difíciles de definir

El concepto de vocación se presta a diversas interpretaciones y por tanto puede provocar confusión. Podemos usar la palabra vocación de diferentes maneras, en diversos niveles. Existen, por ejemplo, escuelas "vocacionales"; se dice que alguien tiene "mucha vocación" para algún oficio o profesión; si un muchacho se sale del seminario "es que no tenía vocación". Y también hablamos de "vocación matrimonial o religiosa". ¿De qué estamos hablando?
En realidad, la palabra vocación proviene del latín: vocare, que significa llamado. Sentir una vocación equivale a decir que alguien me está llamando. De otra manera no tiene sentido.

A. Agradezcamos a María por su compañía

Para realizar la reconciliación de los hombres, Dios preparó a una mujer, llenándola de gracias especiales para que fuera la Madre de Dios. La libró del pecado original y de todo pecado, desde el primer momento de su existencia y siempre fue santísima. Esa Mujer, María, sería la Madre de Dios y por ello, auténtica Madre nuestra.

Un día Dios envió al Arcángel Gabriel a la ciudad de Nazaret, a la Virgen María, que estaba desposada con San José. La saludó llamándola "llena de gracia", y le expuso el Plan de Dios: Ella sería la Madre del Salvador por obra del Espíritu Santo, porque para Dios nada hay imposible.

La Virgen María aceptó de inmediato el plan de Dios, diciendo: "He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra"(Lc 1,38). En aquel mismo momento, se hizo Hombre la segunda Persona de la Santísima Trinidad, sin dejar de ser Dios.

1. ¿Quién es la Santísima Virgen María?

La Santísima Virgen María es la Nueva Eva, la Mujer perfecta, llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, que es Madre de Dios y madre nuestra, y que está en el cielo en cuerpo y alma; y que nos acompaña permanentemente en nuestros esfuerzos por ser cristianos con gran solicitud y amor maternal.

2. ¿Por qué decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios?

Decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.

3. ¿Por qué decimos que la Virgen María es madre nuestra?

Decimos que la Virgen María es madre nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico.

4. ¿Cuáles son los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María?

Los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María son: su Concepción Inmaculada, su perpetua Virginidad, su Maternidad divina y su Asunción en cuerpo y alma a los cielos.

5. ¿Qué lugar ocupa la Santísima Virgen María en el Plan de Reconciliación?

La Santísima Virgen María ocupa en la redención el lugar de Cooperadora de la Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación de los hombres. Por deseo explícito del Señor Jesús, que nos la señaló como Madre (ver Jn. 19,27), María es verdaderamente Madre de todos los cristianos, quienes realizan su peregrinación terrena bajo los tiernos cuidados maternales y la compañía de María.